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Literror

Literatura, ensayo y error

“Hijos Únicos”, el fantasmal repaso de la nostalgia en Juan Santander Leal.

“Hijos Únicos”, el fantasmal repaso de la nostalgia en Juan Santander Leal.

Por David Ortiz

“Hijos Únicos” es el título de la nueva publicación del poeta Juan Santander Lea (Copiapó, 1984). Un poemario de 65 páginas editado por Ediciones Overol, editorial independiente que el 2015 publicó sus obras completas bajo el nombre de “La Destrucción del Mundo Interior”.

 

En una tertulia en un bar, llegó a mí la nueva publicación de Juan Santander Leal. A primera vista resalta el título, que ya emana algunos elementos autobiográficos. Juan no tiene hermanos, eso cambia dinámicas de infancia, cosa que se refleja de una forma muy elegante en el libro.

 

En esa línea destaca uno de los poemas que más ha circulado de este libro: “Gemelos”, publicado en la web Dos Disparos el año 2014. Cito un fragmento:

 

En ese tiempo éramos gemelos.

Andábamos los dos en bicicleta,

siempre ibas escondido detrás mío

como una especie de segundo nombre.

 

La simpleza de los versos de Juan sigue presente en esta publicación, la cual ha sido catalogada de “exacta” por varios críticos.

 

Con versos cortos y precisos es capaz de generar imágenes de una profundidad conmovedora, a partir de elementos cotidianos. Cito el poema “Arena Negra”.

 

Los lobos marinos toman sol,

Un pato lleva horas en el agua

Como un narrador omisciente

Encerrado en su propia novela.

 

Una consecución de imágenes que se revelan como fantasmas al repasar la propia vida del  autor. Santander nos traslada a instantes particulares de su experiencia.

 

Me hace sentido catalogarlo como una consecución de bellas escenas fantasmagóricas.

La palabra “fantasma” tiene como raíz antigua la phanein que quiere decir brillar, aparecer, mostrarse, hacer visible. Por lo tanto los fantasmas son imágenes reminiscentes de un pasado.

 

La obra de Santander está llena de estos fantasmas, que juegan entre la luz de la tarde, en la arena de la playa o en la humedad de la camanchaca dejándose caer por la ciudad de Copiapó.

 

Luces y sombras que juguetean, ya sea en las penumbras, en el crepúsculo, en el contraluz, que van dibujando escenas que dan forma a una suerte de película autobiográfica plagada de cuadros, con una bella composición en su fotografía.

 

Flash backs de idas a la playa, paseos por el centro, juntas familiares. Imágenes del arribo a un Santiago de los años 2000 y la relación con un Copiapó todavía pueblerino que quedaba atrás.

 

Un libro interesante, donde el repaso por un pasado copiapino sorprende en su claridad y lucidez y del que emanan recuerdos que se transforman en los versos de “Hijos Únicos”.

 

Cine Alhambra

Cada sábado íbamos al cine, 

el verano aplastaba la ciudad, 

comíamos churros con azúcar flor, 

la entrada costaba mil quinientos.

 

Me gustaba leer en la penumbra

el letrero luminoso de salida, 

el domingo venía caminando

para decirnos quienes éramos. 

 

En la sala no había casi nadie.

De vez en cuando un espectador, 

pegado todo el día en su butaca

como una estrella de mar en la piedra.

 

Las películas llegaban meses tarde; 

los extraterrestres llegaban tarde,

los súper héroes llegaban tarde,

los viajeros en el tiempo llegaban tarde. 

 

Cabaña

La docena de locos congelados

en la cocina me otorgan la razón, 

que soy un habitante a la fuerza, 

el calor cae por una gotera

 

y los parientes miran de reojo. 

No quise que me dijeran qué hacer, 

ni que me vigilaran en las tardes

con la cara pegada al mosquitero.

 

Los guanacos se escapan al cerro, 

la cabaña determina mi conducta, 

la familia entera está en la mesa,

el almuerzo es signo de obediencia.

 

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¡Estoy Artaud! (Antonin y las Genealogías Híbridas)[i]

¡Estoy Artaud!
(Antonin y las Genealogías Híbridas)[i]

 por: Denial.

Reencarnado, Antonin da cuenta de su lenta descomposición. Alienado, se lo comen, lo internan, lo suicidan… Mientras, presta el cuerpo. Los CUERPOS: tres modelos de exceso.

 

-El Cuerpo sin órganos

-El Cuerpo muerto

-El Cuerpo de escritura.

 

Estos cuerpos atados van alienados. La alienación está llena de imposturas. Condenado. Pienso, hablo y me muevo como marioneta, ligado a lógicas identitarias de reproducción que tensan los hilos del devenir. Devenir otro, siempre YA alienado.

 

 

Genealógicamente hablando, podemos “devenir otro”, que aunque siempre YA alienado por la sociedad, es preferible a ser comido o suicidado por la misma.

 

Pero, ¿qué son las genealogías?

 

Para Foucault, la articulación del cuerpo mismo del devenir y de la historia[ii]; es decir, la disociación sistemática de nuestra identidad, ya sea como una ruptura (textual y violenta) o como un enmarañamiento.

 

Artaud va más por el enmarañamiento que por la ruptura, desmereciendo a ninguna:

 

“Cada cuerpo está ligado a otros cuerpos, que envuelve al mismo tiempo que lo envuelven, que contiene al mismo tiempo que lo contienen, en modos diferentes”.[iii]

 

Por lo tanto, este enmarañamiento propuesto no es simple mezcla; es más bien un exceso de pliegues, infinito, que no llega a lo acabado.

 

¿Qué logramos con esta disociación enmarañada de nuestros excesos genealógicos?

 

Cambiar, romper, disociar el concepto de cuerpo como un organismo impermeable; fijo, parasitario, que aliena el espíritu y lo convierte en cadáver viviente. O, en palabras de Artaud:

 

“Hace 4.000 mil años que el hombre tiene una anatomía que ha dejado de corresponder a su naturaleza. La anatomía en la que estamos varados es una anatomía creada por burros de carga, médicos y eruditos que jamás han podido comprender un cuerpo simple y que para vivir necesitaban encontrarse en un cuerpo que les respondiera y al que comprendieran.”[iv]

 

La sociedad se come a Antonin y luego lo interna. Porque Artaud ve los estados de vida estratificados de la sociedad y que estos van reducidos a la mera norma de un registro civil. Y ese “ojo que diseca… el ojo de Van Gogh, el suicidado por la sociedad”[v], es de lucidez extrema. Locura, dice la sociedad. Y a la locura le sigue el internamiento.

 

Internar es producir un lugar sin dentro ni fuera, un lugar sin pasado ni futuro, sin memoria ni porvenir, sin archivos ni genealogías; en consecuencia, generar las condiciones necesarias para invisibilizar y cegar al “ojo que diseca”.

 

“Allí donde huele a excremento/ huele a ser./ El hombre podría haberse abstenido de cagar,/             mantener cerrado el bolsillo anal,/ pero eligió cagar (…) Para no defecar,/ debería haber             aceptado/ no ser”.

            Artaud, “Para acabar con el juicio de dios”.

           

 

-Un cuerpo internado sabe que la sociedad fabrica cuerpos muertos y que estos cadáveres sirven como órganos para el buen funcionamiento del cuerpo colectivo.

 

-La sociedad fabrica estatutos médico-legales para los cuerpos sin órganos.

 

-Se falsifica el arkhé[vi] del cuerpo muerto. El archivo. El acta de nacimiento y defunción.

 

-Se me suicida antes de nacer.

 

De ahí que el encarnado Antonin, de cuenta de su alienación, de esa violencia de vida que quiere nacer a cualquier precio,[vii] incluso si el ser no lo quiere.

 

El Cuerpo de Escritura de Antonin Artaud se revela contra Dios, contra la Palabra y la Lengua.

 

“Y si dios es un ser,/ es la mierda./ Si no lo es/ no existe”.[viii]

           

El cuerpo de escritura se defiende creando un vacío. “En el espacio nadie oye cuando gritas”, por ejemplo . Y para Artaud, crear este vacío es el trabajo del pensamiento en el pensamiento. Perderse en el pensamiento, MI pensamiento. Y que con esta pérdida se cree la ruptura que engendre el vacío.  Buen lugar de esparcimiento para salvajes pensamientos clandestinos.

[i]     S. Margel, “Alienación. Artonin Artaud. Las genealogías híbridas”. Metales Pesados, 2016.

[ii]    Íbid, p.29

[iii]   Íbid, p.20

[iv]   Íbid, p.31

[v]    Íbid, p.35

[vi]   Íbid, p.46

[vii]  Íbid, p.73

[viii] A. Artaud, “Para acabar con el juicio de dios”.

Jorge García Prieto. nueve poemas desde Cuba.

 

1.

Salgo en busca de arroz

y regreso con libros.

Salgo en busca de aceite

y regreso con libros.

 

Cualquier rincón es un altar donde amontonarlos.

El polvo que imantan

es la voz de mi hambre y de mi soledad.

Mis mujeres no advierten a la hora del arroz y del aceite

esta fosforescencia que se filtra por los hoyos del morral.

 

Las he visto desnudas desafiarlos

y yo amo la desnudez de las mujeres

mucho más que El Cantar de Mio Cid.

Pero al cabo del tiempo ellas se visten

dejan espacios vacíos que muy pronto

son conquistados

por decenas de libros.

 

 

2.

Una rodaja

gruesa

de cebolla

en cada ojo. Gruesa

para que el viento se demore entre los aros.

 

Hay quienes aceptan

la refracción

a través de los aros de la cebolla.

Hay quienes logran burlar el ardor, la humedad picante,

lágrimas

por los surquitos del rostro. Hay

quienes presumen

no poseer detrás de sus rodajas más que otras rodajas

y otras y otras hasta que les estalla la nuca y como serpentinas

brotan trenzados los aros de cebolla.

 

Yo sueño el ojo limpio con su lágrima de abril o de noviembre.

Imagino el mundo

lo cotidiano

los troncos de los árboles, la luna en cada charco

las manos de mis hijos.

 

3.

Nada nos gustaba más

que jugar a matarnos.

Instinto gladiador, pistilo

en la rudeza de la cuaresma

cuando el viento arremolina el polvo de los callejones.

 

Un disparo y la sangre imaginaria

descalcando las paredes, una patada

al estilo del Bruslí, una flecha

untada con veneno.

 

Nada

ni el carro musical de los helados

nos deleitaba más que nuestras muertes.

 

4.

Bolas de cristal, soldados, trompos

sellos inservibles aislados de otros sellos, carritos que la palma

de la mano atesoraba…

 

Siempre de ladrón y nunca policía.

De alero en alero

de portal a portal

la adrenalina infantil despertaba a los perros.

 

Una señora a gritos maldecía a mi madre.

 

Ella esperaba la noche

para leerme a Milton.

 

5.

No puedo así escribir ni tumbar los aguacates

ni siquiera distinguirlos

entre el follaje. Quiero alinear

la frente con el cielo, solo alinear

la frente con el cielo,

que los vecinos terminen su oración y puedan

por una vez peinar a Dios, espulgarlo.

Sé que adorarán esas pulgas con más fervor que a sus hijos

las llevarán en las cejas a conocer el amanecer,

dejarán de afeitarse el vello público, competirán

enumerándolas inhumanamente.

 

Tendré el silencio de quién respira en el bosque

o en el desierto

o sobre un iceberg.

 

6.

Rasos los días, carecen

de misterio las puertas.

Un zumbido de moscas agrieta la quietud.

Oh, corazón cantado

con tu aparato eléctrico como una pulga de Francia

perdona que te ignore. Estoy arrecifando un túnel.

He de lograr que mi lengua no tenga la tensión

de una cuerda de piano, que no reboten

las huellas dactilares del ahogo.

 

Desde la pantalla

dos náufragos se atragantan de semillas.

Expiran, cómplices, sobre la arena.

 

Todos los náufragos se aman.

A la soledad

conviene pintarle un cocotero, una paloma gris

un manojo de mortíferas semillas.

 

 

7.

Unos cristales nacen de mis poros.

 

en la filosofía del abrazo se regocija la luz

quisiera no saberlo, respirar maravillado

por el girar de la gente en los parques de provincia.

 

Yo giré también como una aguja sobre la libertina superficie

de la madrugada.

Yo era feliz.

Quisiera no saber la diferencia que existe entre ser feliz

y haber sido feliz.

 

En dos bandos van los hombres

dictó el apóstol.

 

Yo tengo unos cristales

imaginarios

y crecen excluyéndome.

 

8.

Crudo

que no baste con querer.

 

Como Henrry

Charriere cuento las olas.

 

El concepto de la huida al chocar contra mi frente

deja incrustada una estrella.

 

Con ella me alumbro y me delato.

 

No he tenido el valor de cortarme la cabeza.

La bajo, la disimulo, la maldigo a veces.

 

9.

El dilema de hallar un sitio donde el cuerpo se enrosque

cuando la lluvia arrecia su aliento milenario, la bendición del agua

resbalando de la cabeza a la tierra, el recuerdo punzante de la hornilla

con el perfume del arroz como un sombrero…

 

Comienza el sol en la vida del mendigo.

 

Debes de andar olfateador de sobras

convicto de libertad en tu miseria.

 

Los mendigos también tuvieron un gato de peluche

un cometa sujeto en su metáfora, una placenta durante algunos meses.

 

Los dientes cariados del mendigo se esconden más atrás que el rostro

el pecho es como un túnel donde el polvo se condensa hasta formar un corazón.

 

BIOGRAFÍA:

Jorge García Prieto (La Habana, Cuba, 1979). Técnico Medio en Mantenimiento Eléctrico. Piscicultor y Promotor Cultural. Ha impartido talleres literarios en clínicas de salud mental  a pacientes que sufren de esquizofrenia y para el sistema de Casas de Cultura. PREMIO DE POESÍA MANUEL COFIÑO 2007, Segundo lugar en el CONCURSO NACIONAL DE POESÍA RAFAELA CHACÓN NARDI 2007, finalista del Premio DAVID 2012. Tiene publicado el libro POEMAS  SUBSIDIADOS(Editorial La Pereza, Miami, 2013) Textos suyos aparecen en las antologías  ESTA CÁRCEL DE AIRE PURO (Editorial Abril, 2011) y EL ÁRBOL EN LA CUMBRE (Editorial Letras Cubanas, 2014). La editorial EXTRAMUROS tiene en proceso su cuaderno CANTO AL MARGEN. Como productor de rodaje ha trabajado en los largometrajes LA ESCRITURA Y EL DESASTRE  y LA ESTACIÓN DE LA FLAUTA bajo la dirección de Raydel Araoz.

The Cantor Folder, el almacenamiento infinito.

The Cantor Folder, el almacenamiento infinito.

 

Por: Ramon Valenzuela Pizarro.

 

Sin duda la hazaña más potente en la masificación de Softwares libres, fue el uso masivo  de la aplicación The Cantor Folder, el año 2015, creado 6 años antes, por quienes se hacían llamar en distintos foros de internet,The holders (los poseedores). La aplicación que en palabras simples se puede definir como una nube de almacenamiento virtual, con capacidad ilimitada, además de uso libre y gratuito.

The holders, aparece en internet los últimos meses del 2008, al parecer se constituía de estudiantes y profesionales que programaban juegos, aplicaciones o tutoriales para hackear perfiles de redes sociales. En ese entonces y hasta el día de hoy no se tiene claro el número determinado de personas que lo constituyen, pero si una identificación en común, la que se hizo pública mediante un comunicado en la web a modo de manifiesto. Entre las declaraciones están las ideas de dar solución a la problemática entre lo público y lo privado en internet­, como también,  Romper con el monopolio de sistemas operativos, y trabajar perfeccionando el sistema Linux o haciéndolo masivo.

El problema era que cualquier programa fuera de Windows, por revolucionario que fuese, mantenía la dicotomía entre lo comercial y lo libre al criterio de las posibilidades de acceso a la información, no había espacio para una conjunción de ambos sistemas de modo más cooperativo. Incluso, a nivel de marketing los softwares libres estaban en desventaja, a pesar de ofrecer un sistema gratuito.

Respecto a la aplicación, The Cantor Folder, lleva su nombre por el matemático Georg Cantor, el cual demostró la existencia de distintas clases de infinitos, estableciendo en su demostración que entre 0 y 1 existía un infinito mucho más extenso que en los número naturales. La aplicación es básicamente un virus, el cual conlleva al sistema operativo a la recursividad, pues su ubicación direcciona a la ubicación que la contiene, bloqueado el sistema y dejándolo inoperante. Desde el punto de vista lógico, la aplicación crea una contradicción. The Holders, logró programar una serie de soportes que permiten mantener el virus y a la vez no bloquear el sistema operativo, cualquiera sea este. En el plano de las lógicas difusas, se entiende que el sistema binario asume y mantiene en sí una contradicción para obtener un resultado a un plazo distinto. En aquella contradicción la unidad de medida pierde sentido y cobija una cantidad desmesurada de archivos en internet. Así The Cantor Folder, sostiene la información en internet sin exigir cobro ni condiciones, pues se entiende el espacio virtual como un espacio infinito.

El problema por el cual no fue masivo en el momento en que se creó, era que resultaba imposible adicionarle un motor de búsqueda, así como es imposible contar la arena o las estrellas. Aquella falta estancó el proyecto cerca de cinco años, en el que se presentaba por internet catalogado como modo de prueba, hasta que, también de forma anónima, The holder dio a conocer el algoritmo. Consistía en un sistema similar al concepto PageRank utilizado por Google, el cual sugería los resultados por mayor recurrencia. Así rápidamente los usuarios mismos fueron perfeccionando la aplicación hasta hacerla práctica, fácil y eficiente.

Con esas condiciones, la inclusión de este producto en el mercado no ocurre hasta 2015 en que se masifica de manera estrepitosa pues no genera limitaciones con los sistemas operativos existentes. Sin duda el trasfondo de aquello sostiene un golpe fuerte a la mercantilización del espacio virtual y reivindica nociones de libertad en el manejo y uso de información.

LO NUEVO DE FELIPE AVELLO.

LO NUEVO DE FELIPE AVELLO.

por: Camilo A. Hurtado.

Cuentan que cuando los españoles llegaron a las Indias, los naturales no pudieron anticipar la llegada de las carabelas porque, como no las conocían, no las vieron.

Algo así nos debe haber ocurrido a algunos cuando vimos que Felipe Avello estaba peleando con René Naranjo en SQP. No pudimos notar si eso era verdad o no. Si era real o ficción. Éramos ciegos.

Pero la mirada se acostumbra y Felipe Avello se ha encargado de ensanchar la realidad una y otra vez.

La divisa que parece manejar Avello es la que anima a Nicanor Parra y César Aira: más vale nuevo que bueno. La innovación, no como un símbolo de la ingeniería comercial, sino como un signo de revitalización diaria. Un nuevo día todos los días.

Pero, ¿para qué?. ¿Cuál es la gracia de Avello?

Que se trata de un desembarco que nunca termina de realizarse; como si el objetivo no fuera llegar, sino bajar los containers, ordenarlos y luego, de un momento a otro, embalar todo y zarpar. Zarpar y volver. De la orilla a las boyas y viceversa. “Lo que no cambia / es la voluntad de cambio”, dice Olson.

Su filosofía es la del abandono y no lade la acumulación. Pensemos en artistas que tocan y explotan una sóla tecla y luego miremos al buda del humor.

Se trata de hacer algo irrepetible, añadir una nueva experiencia a la vida. Algo irrepetible porque su existencia deriva de ello, como una performance continua, ejecutada  en los más diversos medios (radio, t.v., teatro, instagram, facebook, etc). mediante otras tantas herramientas (música, escritura, actuación, etc.)

Porque claro, lo que viene haciendo no son simples apariciones, acciones desperdigadas en nuestra memoria. Lo que está haciendo el Pececillo, al nadar en la corriente, es dejar, tras de sí, una Obra.

Poema y búsqueda en Ximena Rivera.

Poema y búsqueda en Ximena Rivera[1]

Por: Natalí Aranda.

Ximena Rivera desea volver a la unidad fragmentada por el nombre; logos que al aparecer rompe con la continuidad originaria. La primera experiencia entre su cuerpo y los otros es de completa unidad, la palabra, dentro de este espacio, aparece como herida. Se escribe por la herida y por la nostalgia de un origen no mítico, sino cotidiano. Anhelo de unir los bordes del abismo. Volver a ese momento antes de la separación/Antes de lo falso o verdadero…/antes de la otredad.  ¿Es su poesía una forma de volver a ese instante? Una vuelta a uno mismo/no al que fue o al pasado, sino al ahora. Poesía como creencia,  fe en un lenguaje capaz de reconstruir la experiencia originaria al volver al ahora de uno mismo, momento que sucede a pesar de la constante lejanía. Su poesía es huella, rastro del origen. Poesía como el primer temblor de la separación, dolor de la unidad arrebatada. Poesía y abismo, palabras semejantes. Su verso, es la palabra que tiembla ante la ausencia. Sujeto enfrentado al vacío. Su escritura es el rastro de un significado sagrado, de una experiencia que no es perderse, como ocurre en el fenómeno místico, sino un encontrarse; volver de la ausencia de uno mismo, producida por la palabra. Pero, a pesar de esto, ocurre lo siguiente: cuando todo el mundo se ve/ el mundo inevitablemente habla. Hay una hablar que mantiene la unidad originaria. La fantasía del origen/es creer que todo está en silencio. La experiencia del origen se alcanza dejando hablar al mundo. ¿Es en este sentido el poeta el gran ausente? Ausencia de un logos, palabra o razón que nombre al mundo. En su silencio el mundo habla con su propio logos, Heráclito lo dijo y Ximena Rivera lo confirma en su búsqueda. En el origen las cosas no están en silencio, tienen su palabra. Poeta-escuchador, poeta-puente entre palabra-mundo. Ahora bien, Ximena Rivera sigue en la huella, no llega al momento originario y  la razón al parecer se esconde en  los supuestos metafísicos que le sirven de sustento a una búsqueda que parece interminable. ¿No será una labor del poeta estar en constante búsqueda y no llegada? Su intento es reconstruir la unidad de la experiencia originaria, pero su verso al no alcanzar aquel anhelo es figura del vacío. Profunda huella de sí, nombre sobre nombre, escritura sobre escritura, no hay contenido ni significado que unifique al verbo. Aire movido por los labios, como dice Teillier, palabra que encuentra su origen en una dimensión inmanente. El mundo que habla es el de la hoja, no hay un afuera de ella. Pero Ximena Rivera sigue en la nostalgia de mundo, poeta completamente  metafísica, su deseo es la presencia como unidad espacio-temporal. Que tras las palabras no estén solo palabras, sino los rostros, los cuerpos; que al decir dios se encuentre dios y no solo su nombre.  Pero su intento queda allí, su búsqueda se ve limitada por la ausencia. Ximena Rivera no reconstruye la unidad originaria, solo su nostalgia. Lo que logra es la posibilidad del poema de ser lo sagrado, lo sagrado como búsqueda, como camino y no como llegada. Su poema es lo abierto de la espera, no es encuentro. El poema en ella no funda un mundo, sino su búsqueda. La ausencia como posibilidad, no como clausura.

[1]    El poema de Ximena Rivera (Viña del mar 1959- Valparaíso 2013)  mayormente utilizado es Panfleto contra la cultura.

Enfrentarse al género [lírico- femenino] y a sus nuevas figuras desde lo cotidiano de ser mujer y escribir un par de líneas.

Enfrentarse al género [lírico- femenino] y a sus nuevas figuras desde lo cotidiano de ser mujery escribir un par de líneas.

Por: Joyce Olavarría.

 

 

Muchas mujeres juntas cantan a esto:
una está en la fábrica de zapatos maldiciendo la máquina,
una está en el acuario cuidando una foca,
una está, indolente, tras el volante de un Ford,
una está recibiendo el dinero en la caseta de cobro,
una está amarrando el ombligo a un becerro en Arizona,
una está a horcajadas sobre un cello en Rusia,
una está cambiando las ollas sobre la estufa en Egipto,
una está pintando color de luna las paredes de su recámara,
una está muriendo pero recuerda un desayuno,
una se tiende sobre su estera en Tailandia.
una le limpia el culo a su hijo,
una mira por la ventana del tren
en el centro de Wyoming y una está
en cualquier parte y algunas están en todas partes y todas
parecen estar cantando, aunque algunas no puedan
dar la nota.

Dulce peso,

en la alabanza de la mujer que soy

déjenme usar una mascada larguísima […]

AnneSexton, En alabanza a mi útero

 

Hace un tiempo me comentaron que unconocido de años, más un grupo de hombres que suelen definirse como poetas, performistas, homosexuales, defensores de etnias y feministas, había estado hablando sobre que “está de moda escribir y ser mujer”, su discurso en realidad era algo así como:si eres mujer, entonces ponte a escribir porque eso se lleva ahora, sobre todo en el tema de los premios o las publicaciones,porque el jurado premiará a una mujer para quedar bien, tienen más posibilidades de ser editadas hoy más que ayer …a lo que yo me pregunto ¿premios? ¿qué premios?, y bueno, en lo de las publicaciones … entonces debo pensar que las mujeres que estoy leyendo actualmente fueron editadas por ser ¿mujeres?. Me sorprendí, pero no tanto en verdad, ya que con el paso del tiempo y con el ir y venir de semanas frecuentando lecturas en bares o eventos varios, me di cuenta que el discurso no está muy lejano a la realidad. Yo, que no me defino por escribir sobre la “reivindicación del género” como le dicen algunas amigas, me he puesto en total estado de alerta ante esta situación. Sorprenderme de un pensamiento machista, no, ese no es el punto, pero hacer que jugamos a la perfección con el lenguaje escrito, pero luego en el discurso oral del día a día manifestar posturas altamente contradictorias, me está empezando, por decir lo menos, a asquear. Esto no significa que no se pueda – como todo ser humano –ser contradictorios, pero hay un límite en lo burdo, lo ridículo e incluso burlesco de estas formas  irrespetuosas de la convivencia tan cínica que llevamos.

 

Cuando nos autodenominamos “artistas” de esta o aquella índole, “comprometidos”, vendiéndonos gracias a tal o cual discurso, es que deberíamos tener especial cuidado. Llamarnos disidentes del patriarcado y hacer comentarios misóginos ya sea contra la pareja, la hermana, la madre, el trauma (causado por las mencionadas anteriormente) o la escritora que está sobre el escenario leyendo; hablar de igualdad de género, pero querer emborrachar a la muchacha que comienza a frecuentar el bar de turno después de lecturas poéticas; hablar de igualdad de género, pero reivindicar la figura masculina homosexual por sobre las demás; jugar con todos estos términos para sentirse parte de la disidencia, encajar haciendo notar que no encajas, que eres un vanguardista, es de lo más común que me ha tocado ver (no podría decir solo el último tiempo) sino en realidad desde los inicios de la experiencia personal con el medio literario. Con esto no pretendo generalizar a todos aquellos que escriben, ni encasillar solo al género masculino, pues es más bien, repito, la idea del sentirnos superiores en distintas formas, detrás de distintas máscaras, predicando el amor por la literatura y la poesía, cuando lo primordial ha sido promover el ego y la superioridad intelectual, moral o tan solo de influencias. Ese es el foco que me preocupa realmente, el que me pone en alerta y me ha llevado a dudar si seguir en esto de escribir un par de líneas. Eso más que el sexo del cuerpo desde el que se proyectan estas palabras destinadas al desastre; con lo cual tampoco me encierro en una exclusividad del medio poético, pues debe ser similar en todo tipo de artes, humanidades, disciplinas, etc. Sin embargo, se escribe con mayor propiedad desde lo que se conoce y esta ha sido, insisto, mi percepción personal ante el caso del sentirme sujeto-objeto de la misoginia proveniente del escritor.

El uso de la escritura en sí mismo es un espectáculo permanente, íntimo o público, se utiliza la escritura para liberar la idea que ronda en las cavidades más diversas de la existencia de cada uno, pero entonces ¿es necesario más show?¿es necesaria la competencia de quien es más complejo (y vuelvo al término “disidente”) en al “ambiente cultural”?

Como figura femenina que tiende a ser vista en un principio como objeto para luego ser desechado con fuerza por demostrar algún tipo de desinterés ante la imagen masculina dominante, o por mostrar algún instinto masculino que desconcierta a la figura externa que quiere y desea el poder, es que comencé a elaborar una reflexión interna sobre la imagen popular que se tiene del gavilán dentro de las demostraciones de dominio tanto sentimental, como tan solo referente a las relaciones de “compañerismo” escritural. Pero este gavilán ya no era el macho patriarcal del que se suele hablar en las conversaciones de los patios universitarios después de leer algo de feminismo entregado por alguna académica que al mismo tiempo está igual de oprimida por el poder de alguna institución, sino que es un nuevo gavilán que no utiliza el sistema patriarcal en su discurso, al contrario, lo hace su enemigo, se enfrenta a los “discursos de poder” para finalmente utilizar esa figura a su favor, posicionarse en un circuito artístico “posmoderno” que al mismo tiempo reniega del posmodernismo, y así logra mimetizarse entre la gente,ser el más dulce gavilán que es incapaz de arremeter contra el género, porque desde el mundo que ha construido, se estaría atacando a sí mismo. Hasta este punto es increíble como al leer las palabras anteriores, sé que habrá más de un lector que me encasille con algún adjetivo o creencia, postura, etc. sin leer realmente lo que se quiere entregar, una visión íntima sobre la lucha de poder por figurar, que se ve exacerbada por la imagen masculina dentro del mundo de las letras.

Sin embargo, es la figura masculina ambigua la que se pone en jaque esta vez ante una definición personal que se proyecta a continuación:

 

“El gavilán reaparece, es invocado con palabras lejanas, reaparece, nadie quiere verlo, yo no quería verlo, pero el gavilán es poderoso, muta de cuerpo en cuerpo para hacer notar su presencia, el gavilán es perverso. El gavilán forma parte de un grupo de gavilanes, el gavilán es parte de la “disidencia”, los gavilanes se consideran “feministas” pero no tienen problemas con la misoginia, la practican día a día, pero que nadie se de cuenta porque sus términos disidentes quieren demostrar lo contrario; tampoco tienen problemas con la violencia, ni con escupir fuego al pronunciar el nombre de una mujer. El gavilán se escuda en la “vanguardia”, en el arte, pero juega con los temas más sensibles que puede encontrar a su alrededor. Toma el dolor ajeno y lo promociona, toma dolores ajenos pues no se expone, se vende, pero no se expone. El gavilán sí miente, el gavilán es totalmente veleidoso, el gavilán desgarra entrañas y las come con placer. El gavilán sufre, pero quiere ver arder al resto para cubrir su dolor, el gavilán se transforma, un grupo de gavilanes le da cobijo, otro grupo de gavilanes en formación le sigue. Hablan de poesía como un producto, hablan de lo que “está de moda”, hablan de lodiferentes que son, pero no toleran, no toleran ver su ego manchado, no toleran ser menospreciados, porque creen que solo el poder que tienen por ser gavilanes les otorga un derecho inventado de menospreciar, criticar, señalar y encasillar a los otros. Los gavilanes hablan en femenino porque las “minas están de moda”. El gavilán ha perdido el respeto. Los gavilanes no dimensionan la lucha, no cambian el panorama, a todo le terminan dando un aspecto banal, porque lo importante es el show, el ego, el sentirse observados y deseados, envidiados, que hierva la envidia en el ojo ajeno porque el gavilán es poderoso y vive en la performance, hace de su vida un acto magistral, donde siempre es el bueno y los demás deben observar su “compromiso”. El gavilán repartió la enfermedad por el continente, siento el asco en la garganta, puedo palpar la bilis brotando con furia al recordar lo que he observado, lo que me hicieron, lo que hacen, lo que nadie se atreve a decir, lo que les hacen a aquellos que no se detienen a pensar en el único principio que sirve para reivindicar cualquier causa: el amor”

 

Por este mismo deseo de amar libremente las cosas, es que no quisiera ver empañada la escritura por estas caretas que he mencionado, que no se ensucie el lenguaje con la desconfianza de las palabras que pronuncian sus autores, que mis compañeras no olviden el valor del lenguaje por solo utilizarlo en su defensa, que mis compañeros no utilicen el lenguaje por estar a la vanguardia. Que la gente no asista a lecturas poéticas para mostrar la chaqueta nueva que se compró en la feria cuando realmente llegó en taxi al evento, que el vino sea una excusa realmente buena para acompañar la conversación posterior y no una forma de enjuagar el tabaco de la boca que te dejaron todos esos cigarros que fumaste para matar el tiempo. Que los autores que ya son “reconocidos” no sean tan selectivos, que los poetas viejos dejen de echarle el ojo a las cabras chicas, porque yo también fui cabra chica y molesta; que olvidemos el género, que los gavilanes defiendan realmente las causas que tanto pregonan, que no anden sacando fotos a niños mapuches con los mocos colgando para ganarse proyectos FONDART que en nada ayudarán a esos mismos niños, que los gavilanes se informen y luchen en serio por los derechos LGBT y no se sientan una sociedad aparte (y superior), que aprendamos a criticarnos, que sí nos escuchemos y leamos y odiémonos, pero dejemos las caretas de lado y quizás así, solo así me atreva  como profe a invitar a mis alumnas/os a que empiecen a escribir y visitar lecturas en eventos y bares, que sepan cómo enfrentarse a los gavilanes, que no los pille con el puro gusto por escribir y leer, porque los egos funcionan como poderosas armas y el deseo de poder puede verlas/os indefensos/as y sedientas/os del mismo poder. Nos creemos artistas apartados de los demás, pero reproducimos los mismos patrones sociales,solo que en comunidades más pequeñas.

“En la alabanza de la mujer que soy…” quiero vivir la escritura de la forma más tierna y sincera posible, compartiendo con todos por ese mismo gusto y no por figurar, dejando de taparme, dejando de tener miedo del juicio tan podrido que avivan los otros, dejando de pensar que si publico algo el resto pensará que fue por ser “amiga” del editor, etc. “En la alabanza de la mujer que soy…” quiero que mis colegas me crean en serio, les crean a mis compañeras, que mis compañeras también me crean y yo creerles a ellas, escribir tan naturalmente como a los siete años.

Trump, un engendro no deseado.

Trump, un engendro no deseado.

Por: Naslo Gurman.

 

Nunca antes, un debate presidencial norteamericano, había logrado captar tanto la atención del televidente latinoamericano, de hecho, es muy poco probable que alguien se acuerde del debate de Al Gore-Bush o el de Obama-Romney. ¿Qué tiene de especial el debate Trump – Clinton? ¿Quizás se trate de un debate en el que se juega  la defensa de la libertad frente al fascismo o de la estabilidad geopolítica mundial representada por Hillary confrontada al caos encarnado en un potencial gobierno republicano? La verdad es que ambas hipótesis son incorrectas.

Lo cierto es que Hillary Clinton tiene a su haber la gestión de la primavera árabe y la llegada de grupos radicales islámicos al poder en varios países del norte de África y el Asia Menor (el norteamericano promedio no logra ver las diferencias entre ambos lugares porque no ha sido educado para ello) y una letal guerra en Siria que ha durado más de cinco años (A propósito de la agenda Clinton en Medio Oriente, ver el caso “Mail´s” en el que está implicada la asistente política de Hillary, Huma Abedin). Trump, por su parte, acaba de declarar su visión política con respecto a la influencia de EEUU en asuntos internacionales.Lo que efectivamente ocurre es que hay una pequeña diferencia en las prioridades de las agendas: Clinton prioriza el enfoque de avance internacional y la mantención del enganche del Welfare y, por el contrario,  Trump aboga por el retorno a políticas internas de libertades empresariales combinadas con la reducción del gasto público (saneamiento de arcas fiscales, muy disminuidas durante el gobierno de Obama)

Sin embargo, lo que llamó tanto la atención de los televidentes, suponiendo que realmente en EEUU el poder presidencial no es tan amplio como lo que se piensa o, por lo menos está muy influenciado por el Lobby empresarial, es el punto de máxima decadencia al que ha llegado la democracia combinada con un sentido muy ordinario del Show (¿Reality Show?) que Trump domina a la perfección.

Ante este panorama, cabe preguntarse, ¿De dónde salió este empresario millonario, histriónico, brabucón y vulgar? La respuesta es compleja y polémica, porque involucra a los sectores progresistas norteamericanos.

Mi hipótesis, como siempre a contracorriente, es que Trump es un engendro no deseado de la izquierda cultural (no económica) norteamericana. Los progresistas, poco a poco, y en hora-buena, han logrado atraer para sí importantes sectores de la población norteamericana. En este sentido, las luchas por las reivindicaciones sociales,  culturales, étnicas que vienen desde los sesentas se han posicionado fuertemente en amplios lugares de la cultura política norteamericana. Desde las Universidades hasta la Oprah, pasando por todo el cine (es obvio que los Oscar´s son premios al cine políticamente correcto) están influenciados por pensamientos de la izquierda cultural: derechos sexuales, lucha contra la discriminación, denuncia de injusticias ya son parte de los lugares comunes en el diario vivir angloamericano. Esta “revolución progresista norteamericana”(que en todo caso se trata de una revolución cultural, no económica, puesto que, según mi parecer, la izquierda posmoderna y los neoliberales son grandes aliados porque sus agendas políticas son extraordinariamente conjugables)  ha logrado que amplios sectores tradicionales norteamericanos, concentrados geográficamente en los Estados rurales de la gran llanura,  se sientan restringidos en su libertad de expresión porque ya no pueden manifestar sus pareceres de profundo arraigo histórico (aunque opinen estupideces racistas u otras) ya que el peso cultural de la izquierda políticamente correcta les cae encima como relámpago (a este fenómeno, lo llamo inquisición progresista y hablaré sobre él en otra oportunidad).

En tal contexto, personajes carentes de toda corrección política, vulgares, punzantes, sirven como catarsis, como vía de descompresión (por estúpida que sea) a los sectores reaccionarios norteamericanos. El asunto es bien fácil: designar al otro como enemigo, hacer la promesa del enfermo sueño americano del lujo y el éxito, la creación de frases simplonas y una agenda política de fácil aceptación son los ingredientes que han logrado posicionar a Trump como una carta de los que se sienten incómodos en el nuevo EEUU progresista (con un presidente de ascendencia africana, ¡Horror!).

Cuidado amigos de Literror, en su praxis literario-política podrían estar engendrando nuevos Ossandones, Parisis y Fra-fra´s y aún la ley de aborto en tres causales no está del todo definida.

El ruido en Ruido.

El ruido en Ruido.

Por: Fernanda Pavié

Una de mis insatisfacciones más apremiantes ha sido no poder dar con las palabras precisas para referirme certeramente a aquellas impresiones que me quedan pululando sordamente, inaprensibles. Cuando lo intento, solo consigo decir aproximaciones lejanas que vuelven más subterráneas aún esas impresiones indecibles. Luego queda la sensación categórica de saberme tartamuda, junto con la melancolía de ver condenadas a la soledad a todas aquellas maneras tan personales y entrañables de entender la realidad. Si no se dicen,  están condenadas a perderse. Tantas bellezas tristes, eufóricas y parsimoniosas ya se habrán perdido por no dar con la palabra justa.

Me consuela pensar que todos aquellos que escriben lo hacen para intentar mitigar esa misma insatisfacción, para poder capturar la impresión específica de cada realidad. Tal vez esa pretensión es un fracaso en sí mismo: siempre que se intenta decir la huidiza experiencia necesariamente se escapan otros detalles que quedan relegados al anonimato. Y, nuevamente como una cadena de nunca acabar, esos detalles que no se alcanzan a decir conformarán otra nueva masa amorfa por desenmarañar.

Puede ser que a la hora de valorar una obra, en muchas ocasiones la crítica literaria termina siendo bastante limitante, justamente porque no suele reconocer las posibilidades que proporciona la escritura de decir aquella realidad que pasa subrepticia. Quiero pensar que en verdad sí lo hace y que para sistematizar esa lectura identifica todo discurso de fluidos corporales con una escritura feminista; cualquier nostalgia, como una literatura de la infancia; toda escritura hecha desde una posición periférica, como una subalterna y poscolonial; atisbos de melancolía y enajenación con  referencias camufladas a la dictadura. Y no sigo más para no seguir ridiculizando, puesto que ya de este punto se ha hecho cargo una columna de opinión sobre las modas literarias que salió hace un tiempo[1].

Ruido de Álvaro Bisama es una novela que podría ser perfectamente susceptible a todas esas lecturas, pero que, al mismo tiempo, ha sido una de aquellas que me ha permitido descifrar verbalmente una de mis tantas impresiones escurridizas, en este caso sobre un lugar: Villa Alemana. Después de haber pasado allí toda mi segunda infancia y adolescencia es inevitable no haberme construido una representación personal de ese lugar. Una representación que presentía una realidad específica, pero incapaz de descifrar cuáles eran esos aspectos que la hacían específica.

Esa misma inquietud también se ha establecido hace décadas en torno a lo específico latinoamericano. Hay una realidad común que se distingue de otras y que impone la necesidad de ser definida. Incluso, autores como Gabriel García Márquez y Alejo Carpentier han manifestado sus intuiciones sobre lo latinoamericano en lo real maravilloso. Sin embargo, esa interpretación ya ha sido cuestionada: el afán de definir lo específico de

un lugar se hará siempre desde una posición ideológica, por lo que no se puede pretender construir una definición total. En ese sentido, según Rodríguez (2012) Latinoamérica ha sido definida desde una estética que complace los intereses occidentales: el clásico estereotipo europeo, según el cual es la tierra virgen y fértil, en donde como si nada suceden eventos inesperados a la vuelta de la esquina, está al servicio de encubrir la violencia o de sublimarla en lo maravilloso. Esta interpretación es perfectamente aplicable a la fundación de Macondo en Cien años de soledad y Santa Mónica en Los pasos perdidos, ciudades en que se exploran las posibilidades para determinar lo latinoamericano.

Si me pregunto por lo específico de Villa Alemana que se representa en Ruido, me doy cuenta de que lejos de encubrir la violencia de su asentamiento, se intenta decir la experiencia que aún no tiene nombre; se intenta rescatar aquello que para cualquier versión oficial permanecería como un residuo, un incómodo detalle. Y para ello se reapropian y reactualizan personajes –como el vidente-, lugares –como la micro-, signos perdidos en la ciudad –como los esténcil de la liceana- que terminan constituyéndose como mitos y terminan constituyéndola como metáfora de todas las provincias chilenas. En este sentido, como enfatiza el narrador, Villa Alemana puede entenderse como una “caja de resonancia” de lo que ocurre en el resto del país en un determinado momento histórico y político. Sin embargo, los mitos que conforman la ciudad son capaces de sustraerla de cualquier contingencia y mantenerla impávida ante el ritmo de la modernidad.

Es por ello que resulta difícil describir Villa Alemana en términos simples, porque los términos que se ofrecen desde una intersubjetividad central no bastan y solo queda una manera fragmentaria de decir lo que se escabulle entre sus grietas. De manera tal que queda cristalizada como una ciudad mutante, cuya fragmentariedad se manifiesta incluso desde el momento en que se erige sin ninguna fundación concreta, puesto que “nadie iba a quedarse aquí” (23). Es por ello que “nunca tuvo una Plaza de Armas porque no fue necesaria” y su extensión “era una distancia que podíamos recorrer en bicicleta” (65). Su distribución espacial estaba organizada “por una costra de viviendas y casas quinta y locales comerciales y escuelas con cancha de tierra, que se edificó en torno a una estación de trenes” (23).

En lugar de una Plaza de Armas, la ciudad pareciera proyectarse desde la línea del tren, pues a partir de ella se asientan sus fundadores, aunque en realidad ni siquiera tenían la intención de serlo. El hecho de que la línea del tren sea el punto inicial es significativo en tanto que desde un comienzo imprime a Villa Alemana el carácter de ciudad de tránsito, del ir y venir desde el puerto al pueblo, lo cual redunda en la imposibilidad de caracterizarla con una cualidad fija y de atribuirle el título de ciudad mutante. En este perpetuo tránsito resulta difícil que se consolide un proyecto de ciudad, ya que “cuando todos se iban, el lugar quedaba vacío y se convertía en una ciudad habitada solo por niños y ancianos, entregada a los rituales de la siesta, rodeada por un muro de cerros tristes y secos que dibujaban el único horizonte posible” (23).

A diferencia de la manera en que se representa la realidad latinoamericana, por ejemplo, en Cien años de soledad, en Ruido el origen y la realidad villalemanina se representan como un hecho nada espectacular, incluso como un hecho accidental e improvisado. No tiene un mito fundacional que pueda explicar su realidad. Esa carencia de mitos deja la puerta abierta para que estos se desborden ante cualquier suceso inaudito. Así ocurre con la aparición del primer personaje del pueblo: el astrónomo que predice el acercamiento de un planeta de fuego hacia la tierra y el fin del mundo. A partir de este personaje, que no alcanza la categoría de figura mítica, se dan a conocer otros que van conformando el paisaje de Villa Alemana: el mendigo hippie que había matado a sus padres; el indigente que antes de serlo estudiaba arquitectura y enloqueció por el consumo de drogas; y claro está, el vidente. Su figura adquiere consistencia tanto por su extravagancia como por el contexto histórico y político en que se inscribe. Y es recién con su construcción mítica cuando se da lugar a una fundación simbólica de Villa Alemana, pues en ese momento es cuando su realidad puede ser representada y explicada.

El mito en torno al vidente y la ciudad se construye en un contexto político autoritario en el que se obliga a tener solo una representación de la realidad si no se quiere arriesgar la vida. El mito, por tanto, suscita la posibilidad de desbaratar esa realidad impuesta y afirmar que “la Virgen es una superchería, una farsa, un engaño que ha atraído a la gente, desesperada por alguna revelación que los sacara del horror o el tedio” (81). Lo mítico en el vidente radica, entonces, en el hecho de que un niño huérfano, tan a la deriva como su propio pueblo, haya sido quien lo sacó del anonimato con una situación tan inaudita como una revelación mariana. Y así se van sucediendo uno tras otro evento mínimo pero extraño. Todos ellos tienen en común la suerte del vidente: que desde un punto particular y precario logran propagarse por el mundo, para luego volver a su punto de origen ya no como anécdota, sino como figura mítica. Así ocurrió también con la banda nombrada como la planta psicodélica que puede ser encontrada como maleza en las veredas del pueblo, La Floripondio, que luego de haberse conformado en las tocatas de “la micro” se va de gira a los escenarios europeos.

Ante todas estas figuras míticas creadas para mitigar la abulia de las tardes estáticas, es inevitable que en Villa Alemana no se constituyera un micro mundo: “conquistamos el centro, que era una versión en miniatura del mundo” (86). Esta versión tiene sus miembros que comparten una sensibilidad similar. El narrador dice: “Aprendimos a reconocernos a la distancia: una fuerza de gravedad común nos atraía a lo lejos” (86). Y como en un buen micro mundo, sus miembros han construido una “mitología ahí, con esos pedazos, con ese sonido” (87). Esos pedazos, ese sonido corresponden a la fragmentaria composición de la realidad, lo que aún no se puede nominar pero que se reconoce como el “ruido”.

¿Y qué nos dice el ruido? Aún no consigo descifrarlo, pero está instalado en mí como un perpetuo telón de fondo. El ruido va y viene, el ruido es distinto en cada lugar, pero sigue siendo ruido. Algunas veces se pone a sonar más fuerte, como cuando en la punta de un

cerro al norte de Italia veo la estatua iluminada de una virgen recubierta de oro. Pero lejos de emocionarme su imponencia, me quedo absorta en la sombra de su silueta inmensa que se proyecta en el cielo nocturno y nublado, una verdadera aparición, la misma que quisimos ver en el Monte Carmelo de Peña blanca.

[1]  Véase: http://www.revistaintemperie.cl/2015/12/22/modas-literarias/.

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